lunes, 16 de mayo de 2016

Ellas y ellos

Hace meses vengo con una inquietud que me camina por todo el cuerpo, que me revolotea en la cabeza y me perturba el espíritu. Meses de pensar en lo mismo, de reflexionar incansablemente. Me he repetido preguntas una y otra vez, encontrando respuestas, pero nunca quedando muy conforme con ellas.

Durante el fatídico mes de Marzo nos golpeó la noticia de que dos chicas argentinas habían sido asesinadas en Ecuador. Dos viajeras, dos amigas, dos aventureras, dos mujeres. Esta última palabra resume todo... Absolutamente todo.

Nacer con el sino de ser mujer en este mundo es lo peor que a un ser humano le puede ocurrir. Por ser mujer deberá cumplir toda su vida y en todo momento con un sinnúmero de exigencias cuyo único sustento estará en que ella es ella. Punto. No hay más. Ella. Por tanto, hasta su programación genética estará orientada a entrenarla para que sea responsable no sólo por su vida sino también por la de casi todo ser vivo que le rodea. Se le enseñará a sentirse culpable si no logra cada objetivo que se le imponga. Desde niña le pondrán una muñeca en los brazos para desarrollar su instinto materno, obviando por completo que quizá sus capacidades y potenciales son inmensos y podrían hacer la diferencia en otras áreas de su vida. Le dirán que debe ser linda, recatada y femenina para validarse a través de la aprobación de un hombre. Cuando comience con su etapa académica, de forma sistemática se le dará a ver que no es muy buena para los deportes ni para las matemáticas. Querrán convencerla de no estudiar ningún tipo de ingeniería ni nada que tenga que ver con fuerza física o números. No. Mejor que estudie para ser profesora, enfermera, parvularia. Esas cosas donde ser mujer realmente es importante por las especiales cualidades con las que nació. Se le dirá y se le predicará con el ejemplo además, que el pilar fundamental de su familia es ELLA. Que todo lo que ocurra con su esposo o sus hijos será su acierto o su culpa. Se le exigirá que su primera identidad sea la de madre, amputando cualquier indicio de ente independiente y libre que subsista en su alma. Así para cuando ella sea una mujer, evidenciará el resultado de todo el minucioso trabajo de su entorno familiar y social. Dados los tiempos actuales, dada la modernidad, sabrá que hay ciertas cosas que le dijeron que no son así, que puede cambiarlas si se esfuerza lo suficiente. Porque hasta para hacer los cambios que ella quiera, tiene que esforzarse. Nada es gratis en esta vida para las mujeres.

En todo el grupo de niñas que contenga cada generación, habrá algunas que sepan salirse del estereotipo y que no dejarán que les corten las alas. Serán fuertes, se sabrán hermosas, volarán libres y podrán gobernar su mundo y su vida como mejor les parezca. Esas privilegiadas serán pocas, pero van a inspirar a todas las demás que no lograron escapar de su rol. Estas últimas pasarán por muchos dolores en su vida; se forjarán a punta de fracasos, de lágrimas, de frustraciones y sobre todo, decepciones. Se encontrarán con que el mundo no funciona como les dijeron, que la vida no era esto que les pintaron. Se cansarán de intentar de ser perfectas, y si son afortunadas llegará el día en que sólo intentarán ser ellas mismas.

Yo me imagino que Nabila Riffo debe haber sido de aquellas. Por lo poco que sé, había sido pareja y madre. Trató de rehacer su vida con un hombre que pensaría que la quería, pero en realidad sólo resultó ser uno de los ellos, los dueños del mundo. Nabila había hecho una denuncia por violencia y alguna ayuda había buscado. Pero no se la dieron y la dejaron sola como a muchas de las víctimas de los ellos. Su angustia o su temor no pasaron de ser algún número de causa o un Oficio archivado.

Todavía no se descubre la identidad del agresor de Nabila. Se sospecha de su ex pareja, contra quien hizo la denuncia por violencia. Uno de sus vecinos afirma haberla visto correr esa noche calle abajo, tratando de escapar de su agresor. Otros confiesan haber escuchado sus desgarradores gritos.

Claro que deben haber sido desgarradores, cómo no. La golpearon tanto en la cabeza, que perdió piezas dentales y masa cerebral. La violaron. Y luego, como tristemente todos ya sabemos, le sacaron los ojos y la dejaron abandonada a la intemperie para que muriera como una cosa sin valor.

Cuando escuché la historia de Nabila Riffo, se me salieron las lágrimas. Ya había llorado dos meses atrás por Marina Menegazzo y María José Coni, asesinadas en Ecuador y luego dejados sus cuerpos en bolsas de basura en la playa. Lloré también por Juliana Aguirre, la colombiana descuartizada por su novio y lanzada por trozos al río Mapocho. Lloro porque eran mujeres, eran como yo. Tenían sueños, tenían un futuro, tenían fuerza y eran luchadoras. No me hace falta haberlas conocido para saberlo, porque ser mujer es una lucha en sí misma. Mataron a Marina y María José para violarlas, para imponer una relación sexual a la que se negaron. A Juliana la mataron por celos, porque el hombre inseguro que tenía a su lado no soportaba la idea de que ella comprendiera que merecía alguien mejor. Y me parece claro que a Nabila le arrancaron los ojos para evitar que mirara a otro. No encuentro, realmente, otra explicación "lógica" a semejante acto de violencia.

Yo me pregunto, muy deprimida, hasta cuándo las mujeres seremos ese animal sin valor que utilitariamente sostiene todo el maldito sistema en el que vivimos. Hasta cuándo será fácil que venga un bastardo infeliz y nos amenace, nos viole, nos mate. Hasta cuándo tendremos que tolerar que nos rebajen y nos insulten con nuestra sexualidad o inteligencia. Hasta cuándo nos agreden por tomar conciencia de nuestros derechos y querer levantarlos como una bandera. Hasta cuándo caricaturizan el feminismo en el dibujo de una mujer bigotuda y con músculos, vestida de militar, que fuma puros y a la que denominan nazi. Como si fuéramos nosotras las que buscamos exterminar a los hombres, y no al revés. Porque eso hacen estos valientes caballeros. Cuando ven que no es posible sofocar la fuerza, la valentía, la independencia y la lucha de una mujer, su impotente respuesta es matarla, porque SABEN, ellos SABEN que no hay otra manera de detenerla.

Termino de escribir, agitada de tanta rabia. Hasta cuándo, por la mierda... 






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